El neomachismo

El neomachismo no significa necesariamente que el hombre golpeé a la mujer ni que la insulte o que la someta a realizar exclusivamente tareas domésticas, pues estas conductas ahora están muy poco aceptadas socialmente. Sin embargo el machismo continúa aún muy latente en nuestra sociedad pero de una forma más sutil.

El neomachismo es una actitud frente a la mujer en la que ésta queda como inferior. Puede manifestrase con la mirada, los gestos o la falta de atención. La persona que lo recibe puede sentirse disminuida, retada o ignorada. No hubo violencia, disputa ni enfado, pero se estableció como por arte de magia una relación desigual en la que alguién quedó arriba y el otro por debajo de este. Esa es la dominancia psicológica, en la que la víctima va perdiendo poco a poco autonomía personal y autoestima.
El neomachismo no sólo se da entre hombre y mujeres sino que constituye una constelación de valores y patrones de conducta que afecta a todas las relaciones interpersonales: en la amistad , el trabajo, la familia, el tiempo libre, etc. Incluye la pretensión de dominio sobre los demás, especialmente sobre las mujeres; la rivalidad entre los hombres, la búsqueda de múltiples conquistas sexuales, la necesidad de mostrar rasgos viriles (el valor, no tener miedo al dolor, etc.) pues de lo contrario serían considerados como niñas, poco hombres o maricas.

El neomachismo tiene la creencia de que la mujer debe estar al servicio de los machismo antespropios deseos, placeres y razones. De esta creencia derivan otras como sentirse con derecho a estar disponibles para sí sin rendir cuentas, a tener la razón sin demostrarlo, a no ser opacados por una mujer, a ser reconocidos en todo lo que hacen.

Otro comportamiento es el de despreciar la inteligencia femenina haciendo callar a la mujer al no considerar de relevancia lo que pueda aportar a la discusión. O ni siquiera eso, sino que muchos piensan que el rol de la mujer ha ser pasivo y obediente.  Ejemplo:  “si tuvieses modales, habrías aprendido a tener la boca cerrada”.
Más comportamientos de este tipo sería el creer arraigadamente que la mujer no sabe o no puede realizar algunas actividades excluivas para hombres, como el deporte, profesiones técnicas o hasta la conducción. Véase el ejemplo de la mujer que conduce con su marido de copiloto: el marido presta atención a las señales de tráfico “¡cuidado, un ceda!”, “acelera ya en la rotonda”, como si desconfiara de su capacidad.

El neomachismo son prácticas de dominación y violencia masculina en la vida cotidiana, comprenden un amplio abanico de maniobras interpersonales que impregnan los comportamientos masculinos en lo cotidiano. Son esos pequeños y cotidianos controles, imposiciones y abusos de poder de los varones en las relaciones de pareja, al que diversos autores (Miller, Bourdieu, Glick, Castañeda, etc.) han llamado pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia “blanda”, ”suave” o de “muy baja intensidad”, denominadas, machismo invisible o sexismo benévolo. Y con las que los varones intentan, en todos o en algunos ámbitos de la relación (y como en todas las violencias de género):
• imponer y mantener el dominio y su supuesta superioridad sobre la mujer, objeto de la maniobra;

• reafirmar o recuperar dicho dominio ante la mujer que se “rebela” de “su” lugar en el vínculo;

• resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de la mujer con la que se vincula, o aprovecharse de dichos poderes;

• aprovecharse del “trabajo cuidador” de la mujer.
Son microabusos y microviolencias que procuran que el varón mantenga su propia posición de género creando una red que sutilmente atrapa a la mujer, atentando contra su autonomía personal. Están la base y son el caldo de cultivo de las demás formas de la violencia de pareja y son las “armas” masculinas más utilizadas con las que se intenta imponer sin consensuar el propio punto de vista o razón. Comienzan a utilizarse desde el principio de la relación y van moldeando lentamente la libertad femenina posible.
Su objetivo es anular a la mujer como sujeto, forzándola a una mayor disponibilidad e imponiéndole una identidad “al servicio del varón”, con modos que se alejan mucho de la violencia tradicional, pero que tienen a la larga sus mismos objetivos y efectos: perpetuar la distribución injusta para las mujeres de los derechos y oportunidades.
Los varones son expertos en estas maniobras por efecto de su socialización de género que les inocula la creencia en la superioridad y disponibilidad sobre la mujer. Ellos tienen, para utilizarlas válidamente, un aliado poderoso: el orden social, que otorga al varón, por serlo, el monopolio de la razón y, derivado de ello, un poder moral por el que se crea un contexto inquisitorio en el que la mujer está en principio en falta o como acusada: “exageras’ y “estás loca” son dos expresiones que reflejan claramente esta situación (Serra, 1993). Aun los varones mejor intencionados y con la autopercepción de ser poco dominantes los realizan, porque están fuertemente inscritos en su programa de hábitos de actuación con las mujeres.
Algunos micromachismos son conscientes y otros se realizan con la inocenciamachista del hábito inconsciente. Con ellos los varones no solo intentan instalarse en una situación favorable de poder, sino que internamente buscan la reafirmación de su identidad masculina –asentada fuertemente en la creencia de superioridad y en la necesidad de control- y satisfacer deseos de dominio y de ser objeto de atención exclusivo de la mujer. Además, mantener bajo dominio a la mujer permite también mantener controlados diversos sentimientos que la mujer provoca, tales como temor, envidia, agresión o dependencia. (Bonino, 1990). Dos mecanismos psicológicos favorecen el sostenimiento de estas prácticas como de otras que conducen al racismo, la xenofobia o la homofobia: uno, la objetificación (la creencia de que solo algunos varones blancos heterosexuales tienen status de persona permite percibir, en este caso, a las mujeres como “menos” persona, negándoles reconocimiento y justificando el propio accionar abusivo (Britann, 1989)), y otro, la identificación proyectiva (la inoculación psicológica de actitudes, invadiendo el espacio mental ajeno). Si bien estos aspectos no serán desarrollados en este trabajo, no pueden ignorarse a la hora de trabajar en la desactivación de estas maniobras.tradicional
Puntualmente, los micromachismos pueden no parecer muy dañinos, incluso pueden resultar normales o intrascendentes en las interacciones, pero su poder, devastador a veces, se ejerce por la reiteración a través del tiempo, y puede detectarse por la acumulación de poderes de los varones de la familia a lo largo de los años. Su ejecución brinda “ventajas”, algunas a corto y otras a largo plazo para los varones, pero ejercen efectos dañinos en las mujeres, las relaciones familiares y ellos mismos, en tanto quedan atrapados en modos de relación que convierten a la mujer en adversaria, impiden el vinculo con una compañera y no aseguran el afecto (ya que el dominio y el control exitoso solo garantizan obediencia y generan resentimientos).

 

Parte de texto extraido: “Los micromachismos”, Luis Bonino, 2004.

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Psicóloga col. 19853

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